Los usuarios de Fepamic visitan la Costa del Sol

Esta excursión es una de las más esperadas por los usuarios de las residencias y centros de día

Vista general de la playa con usuarios.

La última de estas visitas programadas tuvo lugar el pasado viernes, dando así por cerrado el ciclo de actividades veraniegas preparadas para este año.

Tanto trabajadores como usuarios disfrutan mucho de la experiencia, pero se necesita un gran esfuerzo para que la actividad pueda llevarse a cabo con las mejores condiciones.

 

Las playas de Málaga son las idóneas para realizar estas salidas, ya que el ayuntamiento de la capital ha hecho un gran esfuerzo por adaptarlas para que personas con distintos grados de discapacidad puedan disfrutar de la costa con las mayores comodidades posibles. El ayuntamiento malagueño cuenta con carpas, servicios adaptados, personal especializado y sillas anfibias, que permiten a los usuarios con movilidad reducida disfrutar de un baño sin riesgos.

 

 

Una vez que el personal de Fepamic contacta con Málaga y reserva los días se empieza a preparar la actividad. Para que todos los usuarios puedan disfrutar del mar se organizan varias salidas, entre julio y primeros de septiembre.

Con el fin de garantizar la correcta atención, en cada salida participan unos 12 usuarios, y alrededor de 8 trabajadores entre monitores, cuidadores y conductores. Casi siempre hay algún voluntario que también se une a la excursión. Para el transporte se necesitan dos furgonetas adaptadas, y un coche auxiliar con el material necesario: carpas, comida etc. Una vez preparado todo, llega la hora de partir. La salida no suele ser antes de las 10 de la mañana, una vez que los usuarios han desayunado.

 

 

Ya en la playa, lo primero es montar las carpas y prepararlo todo. Después llega la hora de disfrutar de un día de agua, sol y arena. Monitores y cuidadores se organizan con el equipo de trabajadores de la playa para que todos los usuarios disfruten al menos de dos baños durante el día, por la mañana y por la tarde.

 

 

Después del último chapuzón llega la hora del aseo, y la cena, que se sirve antes de regresar a casa.

José Luís Llergo, uno de los monitores, asegura que el esfuerzo extra que implica esta actividad se ve totalmente recompensado por el cariño y la gratitud que demuestran los usuarios del centro. “No hay prisa a la hora de volver, ya que se intenta que los usuarios disfruten lo máximo posible de esta actividad”.