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Lenguaje inclusivo y discapacidad

24/01/2020

El día del periodista se celebra en España el 24 de enero. En pleno debate sobre el lenguaje inclusivo y su incorporación a la Constitución, aprovechamos para reivindicar un tratamiento adecuado para referirse a las personas con discapacidad, tanto en los medios de comunicación como en todos los ámbitos sociales.

Precisamente esta semana, el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), al que pertenece Fepamic, ha expresado su desacuerdo con la propuesta recientemente planteada por la RAE sobre lenguaje inclusivo referido a personas con discapacidad en la Constitución Española. En concreto, el informe académico hace referencia al artículo 49 de la Constitución en el que plantea la sustitución del término “disminuidos” por “discapacitados”.

El CERMI señala que la RAE acierta cuando sugiere desterrar “disminuidos” del léxico constitucional e incorporar el concepto de discapacidad en su lugar, pero yerra con la expresión elegida “discapacitados”, en vez de “personas con discapacidad”, que sería la apropiada.

CERMI hace hincapié en que la discapacidad es una circunstancia, una situación o estado de la persona, por lo que debe afirmarse en la Constitución ese dato esencial, el de persona, primero, que tiene una discapacidad. La Constitución es un instrumento jurídico, la máxima norma del Estado español, y ha de estar alineada con la terminología jurídica establecida por Naciones Unidas y la Unión Europea, y propugnada mayoritariamente por el movimiento español de la discapacidad. No hay que sustantivizar como nombre el adjetivo “discapacitados” como determina la RAE, sino fijar constitucionalmente el término “personas con discapacidad”. Esta reivindicación no es nueva, el pasado año el CERMI ya elevó a la RAE una propuesta de nueva acepción para el término discapacidad y persona con discapacidad.

De hecho, la Ley 39/2006, de Promoción de la Autonomía Personal y atención a las personas en situación de dependencia ya contempla desde su entrada en vigor que en textos normativos se debe utilizar “persona con discapacidad”. Esta es la terminología más aceptada y que reúne más consenso en el colectivo de personas con discapacidad y sus familias.

Hablar de discapacidad sin eufemismos ni condescendencia

Existen numerosos decálogos, guías y otros documentos impulsados por organizaciones sociales y centros de estudio que analizan el lenguaje utilizado para hablar de la discapacidad y promueven algunas indicaciones comunes.

Algunos de los errores frecuentes que se observan en el tratamiento de la información sobre discapacidad son, además de la terminología, la abundancia de prejuicios, imprecisiones y sentimentalismos. Términos como diversidad funcional o capacidades diferentes no son más que eufemismos que enmascaran y confunden sobre la realidad a la que pretenden hacer referencia, por eso el único término aceptado en el ámbito nacional e internacional es persona o personas con discapacidad. Y, por supuesto, es necesario erradicar términos como minusválido, minusvalía, disminuido o discapacitado.

En las noticias relacionadas con la discapacidad encontramos frecuentemente un tratamiento sensacionalista o paternalista. La información debería centrarse en la persona, no tanto en su discapacidad. Con el objetivo de no perpetuar imágenes negativas y tratamientos condescendientes, paternalistas ni estereotipos, se propone evitar la utilización de verbos como sufrir o padecer asociados a la discapacidad, así como confinado, postrado… para hablar de personas con discapacidad.

Otra de las reclamaciones comunes de todo el colectivo es la falta de visibilidad. Las personas con discapacidad forman parte de la sociedad, además cada vez más activa, que reclama sus derechos y hace frente a sus responsabilidades sociales. Sin embargo, en los medios de comunicación se echa en falta mayor presencia y que realmente se ofrezca una imagen diversa de la sociedad en la que participamos las personas con discapacidad.

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